"AÑO DEL ROSARIO"
El
Papa proclama el «Año del Rosario» y publica una carta apostólica
Añade cinco «misterios de la luz» sobre la vida pública de Jesús
Juan Pablo II celebró este miércoles, 16 de octubre, en el Vaticano los 24 años
de su pontificado con dos gestos simbólicos: la proclamación del Año
del Rosario y la publicación de una carta apostólica dedicada a esta oración.
La nueva carta apostólica lleva por título «Rosarium Virginis Mariae» («El Rosario de la Virgen María»), presenta en ella la oración mariana que rezada «con devoción y no mecánicamente» es una «meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo».
En
los quince misterios del Rosario que hasta ahora se
rezaban no se contemplaban los grandes acontecimientos de la vida pública de
Cristo, en la nueva carta el pontífice añade otros cinco misterios y los llama
«misterios de la luz».
Comprenden los momentos de la vida de Jesús que van desde el Bautismo en el
Jordán hasta el inicio de la Pasión.
Para reforzar su propuesta, el Papa convocó la
celebración del «Año del Rosario», que va desde octubre de 2002 a octubre de
2003. Esta convocatoria celebra tres momentos significativos: los 25 años de su
pontificado; los 120 años del aniversario de la encíclica «Supremi
apostolatus officio» de León XIII que comenzó una serie de documentos sobre
el Rosario; y el apéndice del Año Santo de 2000.
«En la historia de los grandes Jubileos existía la buena costumbre de que,
después del año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, fuera
proclamado uno en honor de María, como queriendo implorar de ella la ayuda para
hacer fructificar las gracias recibidas», explicó. Y al despedirse de los
peregrinos, aseguró: «El Año del Santo Rosario que viviremos juntos producirá
ciertamente benéficos frutos en el corazón de todos, renovará e intensificará
la acción de la gracia del gran Jubileo del Año 2000 y se convertirá en
manantial de paz para el mundo».
Juan Pablo II dejó clara su determinación de
continuar en el ejercicio de su ministerio de obispo de Roma y puso su futuro en
manos de Maria.
«Madre santísima obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu,
para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el
Resucitado».
«En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el
destino de la Iglesia, en ti confío y te declaro una vez más: "Totus tuus,
Maria! Totus tuus". Amén»
«Todo tuyo», ha sido el lema de su pontificado, e implica un acto de
consagración de su vida a la Virgen María.
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