Declaraciones
del Concilio Vaticano II acerca de la Madre de Dios
El Concilio da a la Virgen María 33 títulos. He aquí algunos:
Es la Madre de Dios Redentor: ahí está el gran secreto de su inmenso valor
para nosotros. La amamos por eso.
Es la hija predilecta de Dios Padre: si para Dios es la preferida para nosotros debe serlo también.
Es la hija que más quiere por eso no le niega nada para nosotros.
Es el Sagrario del Espíritu Santo: sagrario es el recinto sagrado donde se guarda algo para repar-
tir a los demás. La Virgen tuvo nueve meses al Espíritu Santo en su alma formando al Hijo de Dios, y
ahora reparte
el Espíritu a sus devotos.
Su gracia es tanta que supera a todas las demás criaturas: para nosotros el oficio principal debe ser vivir en gracia de Dios
y tratar de que otras personas vivan igual, tenemos la gran esperanza de que María por ser tan llena de gracias,
nos las comunique a nosotros y a nuestros amigos.
Es Madre de los discípulos de Jesús: desde el día que en el Calvario Jesús le dijo a Juan
quien nos representaba a nosotros "he ahí a tu madre", ella nos acepta a todos
por hijos suyos y nos cuida con un amor mucho más grande que el de las madres de la tierra.
Desde el primer instante fue enriquecida con una santidad especial: "La voluntad de Dios es que cada uno de nosotros seamos santos"
dice la Sagrada Biblia. Para obtenerla ningún medio mejor que llamar en nuestra
ayuda a la que tiene desde el principio toda la santidad que puede tener una criatura.
Por eso el ángel le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (lc 1,28)