¿Será cierto que los católicos adoramos a la Virgen María?
Los católicos no adoramos a María sino que la veneramos con
especial cariño. Ado
rar es ofrecer a un
ser los honores que se deben dar a Dios. No hacemos eso con la
Virgen, si demostramos hacia
ella un gran respeto.
Ella recibió el Verbo de Dios
en su alma y en su cuerpo y trajo la vida al mundo por
eso es reconocida y honrada
como verdadera Madre de Dios. "...modelo
eminentísi-
mo en la fe y caridad a quien
la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, hon-
ra con filial afecto de piedad
como a Madre amantísima" (Vat II LG cap VIII - 53)
Los
católicos no creemos que los milagros los hace la Virgen María o que de ella
de
pende nuestra salvación. Los
milagros los hace Dios y la salvación es obra de Nues-
tro Señor Jesucristo de
nuestra fe y nuestras obras. María es "... aquella
que en la San
ta Iglesia ocupa, después de
Cristo el lugar más alto y a la vez el más cercano a noso-
tros". (LG
cap VIII-54)
María nos ama con amor de Madre y obtiene de Dios todas las gracias que
necesita-
mos debemos demostrarle
veneración, aprecio y el cariño que su Hijo le ofreció du-
rante 30 años en Nazaret.
Uno sólo es nuestro mediador: Cristo, pero la función maternal de María no
oscurece
ni disminuye esta
mediación, más bien ayuda a mostrar su eficacia. Acrecienta la u-
nión de los hijos con Cristo.
María tuvo en el plan redentor una cooperación singular
por su obediencia, fe,
esperanza y encendida caridad por tal motivo es nuestra Madre
en el orden de la gracia y
brilla ante toda la comunidad como modelo de virtudes.
Dios nos ha demostrado con infinita cantidad de milagros que le agrada que
honremos
a la Santísima Virgen.
El primer milagro Jesús
lo realizó por pedido de María y fue en las bodas de Cana,
abundancia de vino para la
fiesta, como nos dice la Biblia, porque ha llegado el Me-
sías, el Señor.
Sus santos más devotos, san L.
M. Grignon, san Antonio M. Claret, san Juan Bosco lle
naron el mundo de milagros
orándole con devoción a la Madre.
En sus Santuarios son
innumerables, cotidianos y constatados por millones de testigos
sus milagros: Lourdes, Fátima,
Loreto, Guadalupe, Pilar, Chiquinquirá, Las Lajas etc.
Millones de personas se han visto libres de peligros por llevar el
escapulario de la
Virgen o por rezarle una
oración. A su Hijo le agrada que veneramos a su Madre, pe-
actuemos siempre pensando que
en eso no queda resumida únicamente nuestra vida de
católicos, que debemos tener a
María por modelo para poder imitar sus virtudes y a-
sí trabajar incansablemente
por nuestra felicidad y por la de quienes nos rodean.
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