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                                 ¿DIOS NOS PRUEBA CON EL SUFRIMIENTO?

         El dolor y el sufrimiento golpean fuerte a la humanidad, se convierten en verdadero
         misterio o enigma para el hombre. Las personas reaccionan de diversas formas an-
         te esto, algunos consideran esto un escándalo y lo enfrentan con violencia, otros se
         confortan de una manera positiva y lo elaboran creativamente.
         Hay quienes están convencidos de que Dios los quiere enfermos, que a Dios le gus-
         ta nuestro sufrimiento y cuando tienen que   enfrentar esta situación piensan que son
         pruebas enviadas por Dios para ver como reaccionan o para moldear su vida.

         Uno de los relatos más desgarradores de la Biblia es aquel en el que Dios le pide a
         Abraham que mate a su hijo Isaac y se lo ofrezca como sacrificio. Según el Génesis
         22, 1-19  Dios pone a prueba a Abraham y este le obedece  -lleva a sacrificar a su
         hijo, quien le pregunta: "dónde está el cordero para el sacrificio", Abraham respon-
         de: "Dios proveerá el cordero..."
         Cuando estaba por dar muerte al niño un ángel le detuvo su mano: "No le hagas da-
         ño al niño" y Abraham encontró un cordero que sacrificó.
         Pudo Dios pedir un crimen como un deber sagrado, Sara la esposa al enterarse dio
         siete gritos y murió y la misma Biblia conserva con desagrado este recuerdo cuan-
         do llama a Yavhé siglos más tarde (Génesis 31, 42-53) con el título de "El Dios de
         Abraham y el terror de Isaac".

         Los estudiosos de la Biblia se preguntan si Dios puede enviar pruebas crueles que
         sólo destruirían la confianza de cualquier hombre.
         Este episodio hoy sabemos que es legendario, pero en el supuesto que hubiera exis
         tido ¿qué enseñanza quiso dejarnos?.
         La enseñanza está en los últimos versículos, en la orden de no matar al niño, en el
         rechazo a los sacrificios humanos, tan común en estos pueblos de la antigüedad.
         Cualquier fenómeno climático, peste o guerra,  por el gran desconocimiento lo to-
         maban  como proveniente de Dios,  y para aplacar su ira le ofrecían un niño,  que
         quemaban vivo.
         Dios quiso enseñarles con esto que amaba la vida y no la muerte, un cordero resca-
         tará desde ahora a todos los primogénitos de Israel.
         Dios no era despiadado ni brutal, no sometía a pruebas con tal de afirmar su sobe-
         ranía, no lo hizo antes, no lo hará jamás,  Dios no prueba  nunca a los hombres,  él ya            sabe como saldremos, o maltrechos o ganadores, por eso no tienen sentido creer que
         es Él quien envía los males.

         La vida nos pone a prueba, las circunstancias, las debilidades, los hombres, las pa-
         siones; Dios busca sacarnos de las pruebas ayudarnos a salir airosos.
         En casi todo el Antiguo Testamento  se habla con imágenes  espantosas de la ira de
         Dios,  su causa es el gran desconocimiento de las leyes físicas,  de los conceptos de
         libertad y responsabilidad humana, de modo que lo que ocurría era siempre obra de
         Dios.

         Pero Jesús enseñó que Dios sólo envía el bien a justos y pecadores y su método era
         curar y resucitar, porque esa era la voluntad de Dios.
         Explicó que las enfermedades no son un castigo (Jn 9, 1-3), ni las envía el Padre; si
         no que todos estamos expuestos a los accidentes por eso debemos vivir preparados
         (Lc 13, 4-5). Dios ama profundamente al hombre y no puede mandar nada que lo ha-
         ga sufrir. Dios está cerca del que sufre,  pero hay cristianos que aún  no entienden a
         Jesús y dicen ante un muerto  "hay que aceptar la voluntad de Dios".  Y Dios es un
         Dios de vida y no de muerte (Mc 12, 27) no quita la vida la da.  "No fue Dios quien
         hizo la muerte". Sabiduría 1, 13

         Del mal uso de la libertad vienen los padecimientos,  nosotros contaminamos y pro-
         ducimos graves trastornos. Cuantas enfermedades y pestes hoy sabemos que nosotros
         provocamos,  el 75% de los casos de cáncer podrían haberse evitado y sin embargo
         muchos se siguen preguntando ¿por qué Dios me manda esto?.
         Miles de niños nacen con malformaciones debido al hambre, tabaquismo, alcoholismo
         y miles de padres se preguntan ¿por qué Dios ha querido esto para mí? cuando nace con
         problemas.
         Cuantas enfermedades y  desgracias pararía el hombre si  dejara de gastar  en armas
         para la guerra, pero sigue Dios en la mente de muchos siendo responsables de las en-
         fermedades, catástrofes y muertes.

         Dios nos creó mortales pero nosotros fijamos el día de la muerte, con nuestro amor,
         con nuestro odio, con nuestra responsabilidad o con nuestro desenfreno. Pero esto no
         lo entiende mucha gente y vive resentida con Dios.
         Debemos erradicar la imagen primitiva del Dios del Antiguo Testamento y recuperar
         la figura amorosa que nos presentó el Señor en el Evangelio.
         Sólo así aparecerá  el verdadero  Papá del que nos habló Jesús el  "que hace salir el
         sol sobre todos sin importarle ni buenos ni malos,  y llover sobre todos sin importar-
         le si son justos o injustos" (Mt 5, 45).
         Del libro del padre Álvarez Valdés - "Prueba Dios con el sufrimiento"

          Si tenemos fe, si dejamos a Dios ser Dios, si empezamos a gustar de su amor, si
          nos dejamos querer, si abrimos un diálogo con el Padre, sin intermediario alguno
          nos vamos a dar cuenta de su cercanía, de su presencia y  empezaremos a notar 
          en nuestro hombro la caricia de esa mano que creó los planetas. 
          Ojalá que a vos te pase.


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