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                        Oraciones y plegarias

La oración es el corazón de nuestra vida:
tiene algo de Dios y algo nuestro, es el diálogo entre el cielo y la tierra.
Mucho agradece María las oraciones que le ofrecemos,  nada se queda todo lo entrega a su Hijo y quien lo recibe con amor porque se lo da su Madre.
Al empezar  una tarea importante,  al comenzar el día,  al salir de casa que bueno es rezar el  Dios te  Salve  María nos libra de todo peligro y de todo pecado.

La oración es un diálogo con Dios, es un caminar lento que necesita un especio y demanda perseverancia y sólo así se recogen los frutos. Es pedir, agradecer, reconciliarnos, oír a Dios.
Es en la oración donde el hombre se conoce, se sana y se supera. Orar en comunidad es conocernos y re-
conocernos hermanos, consolidar nuestra fe, avivar el amor y aumentar la esperanza.
Al rezar se aclara el entendimiento, se abre el corazón a la conversión, es arriesgarnos a vivir en gracia con y para nuestro Salvador. Con y para nuestra felicidad.

La oración es vida con Cristo, ensancha el corazón, nos hace participar de la alegría de María proclaman-
do las grandezas del Señor.
Junto a María en el Santo Rosario nos vamos adentrando en la vida de Jesús,  ella nos conduce a Cristo,  Él es nuestra meta, el sentido único de nuestra vida.
Que mientras nuestras manos van rozando sus cuentas sintamos la  presencia maternal de María en nuestra vida que nos consuela y acompaña, dejemos que nos conduzca al seno de su Hijo amado, quien todo lo pue
de y nos brinda la oportunidad de vivir en plenitud.

Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia, 
el Señor es contigo. Bendita tu eres entre
todas las mujeres  y bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús.
Santa María,  Madre de Dios,  ruega  por 
nosotros,  pecadores,  ahora  y en la hora 
de nuestra muerte. Amén.

Ofrecimiento a la Virgen María
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

Oración de consagración a María
Oh, Señora mía,
oh, Madre mía,
yo me ofrezco todo a ti,
y en prueba de mi filial afecto
te consagro en este día:
mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo,
oh, Madre de bondad,
guárdame, defiéndeme,
utilízame como instrumento
y posesión tuya. Amén.

A nuestra Señora del Rosario de San Nicolás
¡Madre nuestra del Rosario de San Nicolás!
que tu presencia renueve nuestra vida,
alivie nuestro ser agobiado 
por el sufrimiento y la enfermedad,
sostenga nuestra docilidad a la gracia
y fortalezca nuestro amor a los demás,
convirtiéndonos así en testigos
del amor del Padre que no vaciló,
por tu intermedio, en darnos a Jesús.
Amé

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