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                           EN HONOR A MARÍA

Santa María de la vida
Madre, que sabes lo que significa
estrechar en los brazos
el cuerpo muerto del Hijo,
de aquel a quien diste la vida,
libra a todas las madres de esta tierra
de la muerte de sus hijos,
de los tormentos,
de la esclavitud,
de la destrucción de la guerra,
de las persecuciones,
de los campos de concentración,
de las cárceles.
Conserva en ellas la alegría del nacimiento,
del sustentamiento,
del desarrollo del hombre
y de su vida.
En nombre de esta vida,
en nombre del nacimiento del Señor,
implora con nosotros la paz,
y la justicia en el mundo.
Madre de la paz,
en toda la belleza y majestad
de tu maternidad,
que la Iglesia exalta y el mundo admira,
te pedimos:
¡quédate con nosotros en todo instante!
                                        Juan Pablo II

Santa María de la paz
María:
eres instrumento de la paz
que Jesús, manso y humilde, proclamó.
Deshoja tu ramo de olivo en el mundo
del corazón que busca liberación.
El odio oprime; liberta con el amor.
La ofensa, cierra; liberta con el perdón.
La discordia, aísla; liberta con la unión.
El error, ciega; liberta con la verdad.
La duda, desorienta; liberta con la fe.
La desesperación, mata; liberta con la espe-
ranza.
Las tinieblas, cansan; liberta con la luz.
La tristeza, disminuye; liberta con la alegría.

Santa María de la liberación:
que llevemos consuelo al que sufre,
aunque vivamos en el dolor.
Que llevemos comprensión a los demás,
aunque no seamos comprendidos.
Que llevemos el amor a todo hombre,
aunque no nos sepamos queridos.

Santa María de la paz:
el Reino de tu Hijo es dar, dar siempre,
para recibir el don ofrecido;
es olvido de sí mismo, para encontrarse;
es perdón, siempre perdón, para ser perdo-
nado;
y es renuncia, cruz, paso de muerte
para resucitar libres a la vida eterna.

 

La soledad de Nuestra Señora
Sin esposo, porque estaba                     Con la mayor soledad                            ¡Oh teatro victoriosa!
José de la muerte preso;                         que humanos pechos se vieron           donde el Capitán eterno,
sin padre, porque se esconde;               pechos que hubiesen criado,               por dar a los hombres vida
sin hijo, porque está muerto;                  aunque virginales pechos.                   venció la muerte muriendo.

sin luz, porque llora el sol;                      A la cruz, de quien pendía                              Lope de Vega
sin voz, porque muere el Verbo;             un rojo y sangriento lienzo,
sin alma, ausente la suya;                       con que bajó de sus brazos
sin cuerpo, enterrado el cuerpo;            Cristo sin alma, y Dios muerto.

sin tierra, que todo es sangre;                La sola del sol difunto
sin aire, que todo es fuego;                     dice con divino esfuerzo,
sin fuego, que todo es agua;                   estas quejas lastimosas
sin agua, que todo es hielo:                     y estos piadosos requiebros.

                                                    

STABAT  MATER
La madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¿Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo
vio Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que por mi Cristo amado,
mi corazón abrazado
más viva en Él que conmigo.

Y porque amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de tus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo
en la cruz donde lo veo

tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santa!,
llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea,
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo baya en mi alma
a su eterna gloria. Amén.

 

 
ORACIÓN POR LA PATRIA

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos,
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos a tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Concédenosla sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y Camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén.
          Conferencia Episcopal Argentina

Señora de la Pascua:

Señora de la Cruz y la Esperanza,
Señora de Viernes y del Domingo,
Señora de la noche y de la mañana,
Señora de todas las partidas,
porque eres la Señora del
"transito" o la "pascua".

Escúchanos:
Hoy queremos decirte "muchas gracias".
Muchas gracias, Señora, por tu Fiat,
por tu completa disponibilidad de "esclava".
Por tu pobreza y tu silencio.
Por el gozo de tus siete espadas.
Por el dolor de tus partidas,
que fueron dando la paz a tantas almas.
Por haberte quedado con nosotros
a pesar del tiempo y las distancias.

                   Cardenal Pironio

 

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